miércoles, 27 de mayo de 2015

Relato Nunca hagas enfadar al lobo feroz- Azahara Vega



Aprovechando que tengo un poco de tiempo libre quiero compartir con todas y todos mi relato Nunca hagas enfadar al lobo feroz, un relato muy especial pues formó parte de la I Antología RA, que regalaron a cada espectador del Evento RA de Madrid. 

Un evento que quedará para siempre grabado en mi memoria, que fue emotivo, lleno de reencuentros con amigas, con lectoras, con autoras a las que admiro y soy fan de ellas.

Si aún no habéis ido al RA en Madrid, anotad un mes: febrero!!! Y el año que viene nos veremos ahí.















—¿Qué es lo que está haciendo esa mujer?
Kenneth O´Brian dejó a un lado el periódico que estaba leyendo y miró al frente. A unos metros de donde estaban se encontraba el coche cebo que tocaba esa semana. Se sorprendió al encontrar a una mujer rondándolo, mirándolo con atención ya que habitualmente los que caían en la trampa eran pandilleros o delincuentes comunes que pisaban los calabozos de la Comisaría varias veces al año.
—¡Joder! ¡A dónde vamos a parar! Va a ser la primera detención de una mujer en lo que llevamos de año.
—Cierto —asintió Kenneth mirando alternativamente a su compañero de patrulla y al coche cebo en el que la mujer seguía observándolo con atención a un palmo de distancia como si aún no supiera muy bien qué hacer. Esperaba que no fuera estúpida y siguiese su camino, le jodía detener a mujeres y llevaba un día de mierda, lo único que quería era que acabara de una vez su turno y largarse al bar de los O´Brian para beber hasta perder el conocimiento—. Pero sabes bien que no podemos actuar hasta que no entre en el coche y lo encienda.
—Joder, vaya día que llevamos, con esta sería la número veinte del día. ¿Cómo coño pueden robar un coche con las llaves puestas? A estas alturas del año ya deberían sospechar, sobre todo tras ese programa de televisión de mierda en el que muestran cómo actúa nuestra Unidad. Aun no me explico cómo nuestros jefes accedieron a que nos filmaran.
—Pasta —respondió llanamente Kenneth, encogiéndose de hombros. El mundo giraba en torno al dinero y siempre sería así.
—Pues me cago en todos por eso, ahora soy el hazmerreír en las cenas con la familia. «¡Oh, pero si lo único que haces es esperar sentado en el coche a que el ladrón haga su trabajo!» —Kenneth soltó una carcajada ante el tono de voz de su amigo, ver a Luke poner voz de mujer y hacer esos gestos con las manos imitando a su hermana, con la que mantenía una extraña relación de hermandad que mostraba el amor-odio que se tenían los dos, no tenía precio. Un día de estos lo iba a grabar con el móvil para chantajearlo cuando quedaran a tomar algo en el bar O´Brian—. Maldita arpía de los cojones.
Kenneth se carcajeó unos segundos, sin dejar de mirar de reojo el coche cebo, no olvidaba ni un segundo que estaban trabajando.
—Recuerda que es tu hermana, Luke. Si tus padres te oyen hablar así de ella... —negó con la cabeza burlándose de su amigo. Se conocían desde que coincidieron en una clase de defensa personal en la Academia de policía y desde ese día, eran amigos.
—Ya —este se cruzó de brazos y le miró con petulancia, antes de responderle—. No me lo recuerdes, tú por suerte no tienes a unos padres frikis de Star Wars que llamaron a sus hijos Luke y Leia, ni tienes que aguantar el pitorreo de la horda de primos que cada año no dejan de regalarnos «merchandising» de esa maldita saga para burlarse de nosotros. ¡Joder! —se pasó la mano por los cabellos rubios, revolviéndolos—. La Navidad pasada tuve que luchar contra mi primo con las espadas láser de plástico, y aguantar eso de... «Luke, ugggg uggggg soy tu padre».
No pudo contenerse y se echó a reír, doblándose en dos, palmeando con fuerza el volante del coche de incógnito.
—Maldito hijo de puta, tú ríete, regodéate de mí patética vida.
Kenneth tosió varias veces, miró al frente comprobando que la mujer que vigilaban estaba rebuscando algo en su gran bolso, y se giró, comentando a su compañero de patrulla:
—Sí, si, quéjate, ¿acaso no fuiste tú quien compró a tu novia un traje de Star Trek? ¿Cuál era? ¡Ah, sí! Ese rojo apretado y corto que lleva la Teniente Uhura, ¿no?
Luke se puso rojo y abrió los ojos con una mueca de sorpresa que estuvo a punto de hacerle reír de nuevo. Era tan fácil burlarse de él que todos los O´Brian le pedían que lo llevara más a menudo al bar para poder reírse del humano.
—¡Maldito cabrón! Me prometiste que no lo ibas a decir nunca.
Kenneth se encogió de hombros y le aconsejó:
—Tío, si no quieres que media familia mía y yo sepamos de tus fetiches, y tu amor por Star Trek, no bebas como un cosaco, y...
—Joder, lo ha abierto.
Ante el cambio brusco de conversación, Kenneth se giró y miró al frente. Era cierto, la mujer había abierto el coche y se la veía con medio cuerpo en el interior.
Bonito culo. Pensó, asombrándose al imaginarse la escena de apoyar a esa curvilínea y pequeña mujer contra el coche y arrancarle la ropa para... STOP. No sigas por ahí. Vale que llevaba dos semanas sin sexo, le dolían las pelotas y estaba escocido al maniobrar tanto con su mano derecha, pero de eso a soñar despierto el placer que sentiría al follarse a esa humana contra el coche... Negó con la cabeza y apretó los dientes. No. Él no era un cachorro que comenzaba a experimentar el influjo de la luna llena, ya era un lycan adulto que había controlado su lado animal, pero en esos momentos le estaba resultando un poco difícil mantener tranquilo a su gran Kenneth que quería evolucionar y mostrarse orgulloso ante la hembra que llamó la atención a su lobo interior.
Un gruñido se escuchó en el coche y Luke se pegó contra el cristal de la puerta del acompañante.
—Joder Kenneth, ¿estás bien? ¿Qué coño te pasa? Te ves a un paso de saltar contra una presa.
—No me pasa nada —no se reconoció, el tono de su voz se volvió más grave, más animal. Estaba perdiendo el control de su cuerpo y se odiaba por dentro, permitiendo que la mezcla de sentimientos: ira, rabia, deseo, necesidad..., hicieran más fuerte a su lobo.
Luke tragó con dificultad y tuvo que desviar la mirada cuando los ojos de su amigo conectaron con los suyos. Habían pasado de ser negros a un amarillo que daba miedo, y verlo mostrando los dientes y con esa expresión de salvaje, le recordaba que Kenneth era miembro de una familia de hombres lobo, valeee lycans como les gustaba a ellos llamarse, que vivían sin dificultad entre los humanos, solo dejando salir a su lobo los días de luna llena en las grandes extensiones de tierra que poseían a las afueras de la ciudad.
Pero en esos momentos no reconocía al siempre tranquilo e hijo de puta de su amigo.
—Ummm, lo que tú digas tío, pero si tenemos que detener a esa mujer, tú te quedas en el coche, y...
—¡No la vas a tocar!
No lo vio venir, el agarre de acero con el que le sujetó la muñeca a un paso de rompérsela. Luke jadeó en alto y se quedó completamente quieto.
¿Qué era lo que me decía siempre?, ¡¿qué era?!.  ¡Ah, sí! Cuando veas a mis primos luchar entre ellos gruñendo y mostrando los dientes no intervengas, si uno de ellos te mira a los ojos baja la mirada o lo tomará como un desafío, si se ponen posesivos al ir con sus parejas ni siquiera te acerques y...
—¡Ella es MÍA!
Wuooo. Había llegado el momento de bajar la mirada, y no enfrentarse a esos ojos amarillos, ni a esos colmillos prominentes que comenzaban a asomar entre los entreabiertos labios de Kenneth. Joder,... era... espeluznante y agradecía mentalmente que su Rosa adorara los gatos, porque no podría tener un perro en su vida tras ver esos colmillos y escuchar esos gruñidos de advertencia.
—Ok, toda tuya, yo no la quiero, recuerda que tengo novia. Rosa es la única a la que me tiro y espero que acepte ser mi mujer cuando le pida este fin de semana que se case conmigo. Recuerda que me ayudaste a elegir el anillo de compromiso y que vas a ser mi padrino de bodas, sino me arrancas ningún miembro del cuerpo con esos dientes tuyos y dejas de gruñirme como un perro en celo.
Valeee, esto último lo podría haber mantenido para sí mismo pero cuando estaba nervioso su lengua iba por un lado y su mente por otro, y hablaba más de la cuenta, para luego golpearse la cabeza contra la primera pared que veía por lo bocazas que era.
Pero que lo llamaran hijo de puta con suerte, porque en el momento en que cerró la boca y se maldijo por dentro por no saber cuando mantener el pico cerrado, su amigo/hombre lobo a punto de aullar y mover la cola, se tensó y se mostró sorprendido, calmándose al momento.
—Lo siento Luke... —se le veía confuso, perdido, aunque sus ojos seguían siendo amarillos, al menos se habían retraído ese par de colmillos que nada tenían que envidiar a los de un lobo real— … No sé que me ha sucedido... Estoy... intentando no perder el control pero mi lobo se resiste a ocultarse, solo quiere... —se giró y miró con intensidad a la mujer que había cerrado la puerta del coche y ahora hablaba por teléfono con alguien.
Luke soltó un suspiro de alivio, siempre era una alegría no ser el tentempié de media tarde de un lobo, y se recostó contra el asiento del copiloto, contando los minutos que faltaban para poder regresar a Comisaria y salir pitando para casa, cuando viera a Rosa la abrazaría y le haría el amor en cada habitación del piso que compartían para celebrar que seguía entero y de una pieza.
—Está bien tío, a todos nos pasa, ver a una tía y querer follarla hasta que nos saciemos de ella. Pero recuerda que estamos trabajando y ella puede ser una posible detenida si no deja de mirar así el coche. No me explico a qué espera, o lo roba o no lo roba, es así de simple.
Esperaba que no lo robara porque si lo hacía tendría que detenerla, y cuando la tocara, ...iba a perder el control por completo, lo sabía, lo intuía, y su lobo interior arañaba su mente aullando necesitado, reclamando a esa humana como suya. Era doloroso ver cómo al final sus instintos animales eran capaces de acallar su mente racional, cómo podía perder el juicio por culpa de su lobo. Él era un hombre de treinta y seis años, con una carrera en la policía, un casa con jardín a las afueras de la ciudad y una familia unida que matarían por protegerle, que... estaba a un paso de jadear en alto cuando miró a la cara a la mujer por primera vez.
—No, no, no... —murmuró sin ser consciente de hacerlo, al ver como la causante de su alterado estado se había girado y caminaba hacia ellos con resolución.
Luke soltó una retahíla de maldiciones y palabras variopintas al ver lo que había dejado blanco a su amigo. Ok. Problema número uno, su amigo seguía tenso, con esos ojos amarillos y esa evidencia en su entrepierna que... No era gay, ¡eh! Que quede claro, pero era más que evidente que Kenneth estaba excitado. Problema número dos, ¿por qué coño la supuesta ladrona se dirigía hacia ellos? Problema número tres....¿Hace falta más problemas que sumar a esa mierda de tarde? No, él no lo creía.
—Intenta calmarte Kenneth, y haznos un favor a los dos y tápate tu...tu... —tartamudeó al no saber ni cómo decirlo. «Cúbrete tus partes nobles, oculta esa pirámide que sobresale de tu uniforme...» No, joder. Se negaba. Él no hablaba de pollas—. Pon el mierda del periódico encima para que no note que quieres tirártela. Ahora lo que nos faltaba para este día es que te denunciara por acoso sexual.
Las palabras de su amigo le hicieron reaccionar. Con manos temblorosas dobló el periódico como pudo, arrugando todas las páginas y colocándolo sobre el regazo, aplastándolo contra su creciente excitación, maldiciéndose por dentro al no poder controlarse. Joder, estaba a un paso de ponerse a jadear y solo porque había mirado a los ojos a esa mujer. ¿Qué es lo que tenía que le afectaba tanto?
La miró con cuidado, sintiendo como su lobo babeaba por ella y no precisamente de hambre. Debía andar en torno a los treinta, y era más bien pequeña y con un cuerpo curvilíneo que mostraba sin pudor con esa camiseta de verano apretada y esos vaqueros que marcaban sus caderas. Era un suculento pastelito que quería devorar por completo después de lamerla y grabarse su sabor para siempre en su mente. Pero lo que le mantenía duro y dolorido eran sus ojos, dos lagunas violetas que mostraban un brillo intenso que lo atraía. No era hermosa como las modelos de Victoria Secret pero si que tenía un andar y una sensualidad innata con cada uno de sus gestos, con esa carita redonda y esos labios... Ummm esos labios entreabiertos, sonrosados, humedecidos por esa lengua traviesa que sacó unos segundos para humedecerlos, y... De rodillas ante él, con los labios entreabiertos, los ojos brillantes y dispuesta a acogerle, a chuparle como nunca antes ninguna otra mujer lo hizo, para llevarle al placer con su lengua, con su boca, y...
—Cojones Kenneth, aplasta ese periódico o piensa en el Comisario Jones en biquini en estos momentos, porque eso es imposible que no lo note la mujer y estará ante nosotros en unos segundos.
—No puedo controlarlo, yo... mi lobo...
Luke se pasó de nuevo la mano por los cabellos, un gesto que hacía cuando estaba nervioso.
—Ok, lo capto, mira para otro lado, ya hablo yo.
Bajó la ventana y sacó medio cuerpo para fuera mirando a la cara a la joven. No iba a permitirle que se acercara al conductor, o más bien, a un Kenneth medio lobo a punto de comérsela por entero y no de la manera en que salían en las películas de terror de hombres lobo.
—¿Necesitas algo?
Ella asintió y avanzó los últimos metros con zancadas largas y decididas. Cuando llegó a su altura los miró a los dos para luego decir:
—Sí, estaba haciendo turismo por este barrio y vi ese coche de ahí —lo señaló con el brazo—, con las llaves puestas. Intenté encontrar algo dentro que me ayudara a localizar al dueño pero nada, no había nada y...
Luke asintió.
—Muy bien, ¿para qué querías contactar con el dueño?
Ella lo miró como si fuera estúpido.
—Para decirle que es un imbécil que se olvidó las llaves dentro del coche y que moviera su culo hasta aquí. Así que por eso llamé a la policía pero ellos se rieron y me dijeron que me acercara a la patrulla que había a unos metros ocultos tras una esquina. Estuve a punto de mandar a la mierda a la operadora, pero aquí estoy. Ese coche de ahí atrás está con llaves, las puertas abiertas y si no lo lleva la grúa ahora lo van a robar seguro.
Luke contó hasta diez. Uno. No reírse de esa mujer porque seguro que le sacaba los ojos. Dos. No reírse por lo absurdo de la situación. Tres. No reírse porque no iba a quedar muy bien. Cuatro...¿Cuál era el cuarto punto...?
—Ja, ja, ja, ja.
Definitivamente NO era reírse en la cara de una ciudadana que quería hacer lo correcto.
—¿Es que todos los humanos machos de esta ciudad tienen dos neuronas? ¡Una la que controla su pene y la otra la que le indica cuándo comer y cómo pulsar los botones del mando para ver el fútbol!
Luke se quedó con la boca abierta. ¿La tendría que detener por alteración de orden público? ¿Por insulto a todos los hombres de la ciudad? ¿Por ser una arpía con las mejores tetas que había visto en mucho tiempo y un escote en uve que daban ganas de lamer y...? NO. Él era un hombre feliz a un paso de casarse si Rosa le decía que si, nada de pechos ajenos a su mujer.
—¿Humanos machos?
La voz de Kenneth devolvió a Luke a la realidad. Se giró al escuchar la carcajada de su amigo. Valeee, el que iba a pensar que estaba rodeado de trastornados con necesidad de pastillas varias iba a ser él, a su derecha una mujer desquiciada que despotricaba contra el género masculino y a su izquierda un lobo de ascendencia irlandesa que era capaz de beber como un ruso y que en esos momentos se reía como un loco, dejando caer el periódico arrugado al suelo del coche mostrando la tienda de campaña...
—¿Me he perdido algo? —preguntó cabreado ante el silencio que se impuso cuando el maldito de Kenneth dejó de reír y se quedó prendado de la mirada de ella. Se sentía como la chaperona que sobraba en la fiesta del instituto vigilando que no hubiese acercamientos a menos de un metro de distancia.
Kenneth sonrió y rompió la mirada, sonriendo abiertamente, sus ojos seguían amarillos y brillaban con sorpresa y lujuria.
—¡Ella es como yo!
—¿Un chucho que aúlla a la luz de la luna?
—¿A quien llamas perro, humano? —siseó la mujer metiendo medio cuerpo dentro, sorprendiéndolo al ver que se acercó a él hasta quedar a unos centímetros de su cara. Ahí quedó mudo. Ni por todo el oro del mundo podría articular palabra. Ella tenía,.. tenía... Los ojos amarillos con el iris como un...
—¿Eres un gato? —murmuró sin poder creerlo. ¿Qué era lo próximo? ¿Los vampiros existen y son fans de la Saga Crepúsculo?
Ella siseó y rugió, haciendo que saltara en el sitio.
—Joder... —susurró Luke sin poder apartar la mirada de ella. No me muerdas, no me muerdas. Se repetía una y otra vez en su mente, temblando de pies a cabeza.
—Joder... —gruñó excitado Kenneth, atrayendo la atención por completo de ella.
Al notar que ya no iba a ser la pelota de lana de la gata, Luke echó hacia atrás el asiento alejándose de esa mujer lo que el coche le permitía, y pudo ser testigo del intercambio de miradas, gruñidos y siseos entre esos dos.
¿Y luego el raro era él por comprarle el uniforme rojo de la Teniente Uhura de Star Trek a su novia? Si esos dos estaban gruñendo como animales a un paso de saltar sobre el otro. ¿Qué podía hacer para romper el «ambiente erótico festivo» que se formó en el coche patrulla? ¿Silbar para atraer su atención? ¿Gritar que venía la furgoneta de la perrera?, ¿o que se buscaran un hotel?
—Sí,... —inhaló la mujer y ronroneó. SÍ, RONRONEÓ. Lamiendo los labios y estirando el brazo hasta lograr acariciar la mejilla de Kenneth— ...Sí, lobo, eso es lo que haremos. Mi pantera te ha reconocido como su compañero, y esta noche te marcaremos como nuestro cuando estemos apareándonos.
¿Apareándonos? ¿Marcarte? ¿Ronroneos varios y gruñidos? ¿Por qué coño tenía que ser testigo de esto? Sí, lo sabía, eso le pasaba por ser amigo de un chucho pulgoso desde la Academia.
—Ummm, antes de que esto llegue a más, señorita —esta se giró y le fulminó con la mirada. La ostiaaa, y luego se quejaba de que su Rosa era una mandona, esa mujer era una arpía en toda regla— ... mi amigo y yo aun seguimos estando de servicio, si le parece cuando él termine podréis quedar... — Lejos de mí, de este coche y jugar a aullar a la luna o a olisquearos el culo el uno al otro— ...para conoceros mejor. ¿Le parece?
Ella entrecerró los ojos y los miró a los dos, suspirando con fuerza, sacando medio cuerpo del coche, quedando parada a un lado muy cerca de la ventanilla.
—Tienes razón agente, mis disculpas por mi actuación. Estoy cerca de mi celo y...
—¿Celo? —preguntaron los dos hombres a la vez. Uno con evidente excitación ansioso por ser el macho que calmara el celo de la felina, y el otro con una cara de tierra trágame y dame de ostias que no quiero recordar nada de esto, no deseo saber nada más de estos imbéciles cambia formas.
—Sí, celo —asintió ella, cruzando los brazos sobre el pecho, marcándolos sin percatarse, provocando que dos pares de ojos se le quedaran mirando fijamente—. Mi felina anda nerviosa, y cuando te vio... —miró a Kenneth a los ojos, sonriendo abiertamente por primera vez— ...supimos que eras nuestro. Nunca creí lo que los Ancianos de mi clan nos contaban; que existía el enlace de almas entre los nuestros, pero cuando nuestros ojos se encontraron lo sentí.
Kenneth asintió y le devolvió la sonrisa.
—Sí, también lo sentimos mi lobo y yo, esa unión, el calor, la necesidad de aullar a la luna de alegría, de ponerte a cuatro patas y tomarte hasta que mi esencia cubra todo tu cuerpo y ningún otro macho se atreva a acercarse a ti, a...
Era el momento de intervenir o esos dos tortolitos iban a comenzar a arrancarse la ropa en medio del coche y de la calle, ante la vista de todos sin importarles una mierda lo que les rodeaban.
—Sí, si, está claro —los dos le miraron entre enfadados y sorprendidos. Sí, tortolitos, sigo aquí, soy testigo de este extraño y loco cortejo, y no voy a olvidar nada para poder devolvérsela a Kenneth cuando estemos en el bar O´Brian. Oh, sí, los primos de su amigo se lo iban a pasar en grande cuando supiesen lo que pasó esa tarde, cuando contara como el orgulloso y mujeriego lobo quedó atrapado por una gatita—. Queréis follar como conejos y estáis sorprendidos porque os habéis unido con algo de vudú mágico de vuestra raza. Pero os recuerdo que estamos de servicio y hasta dentro de... —miró el reloj y soltó una maldición, antes de continuar— ...media hora no acabamos. Así que, señorita, espero que pueda esperar una hora para atacar al chucho de aquí lado y hacer todo eso que tenéis en mente, pero lejos, muy lejos de este coche, de mí y de los ojos sensibles de cualquier otro pobre humano. ¿Ok?
Los dos tortolitos rompieron a reír.
—¿Es siempre así? —preguntó ella, sonriendo abiertamente.
—Sí, por eso es mi mejor amigo pese a que no es un lycan.
Ella asintió y miró a Luke a los ojos.
—Tienes razón amigo de mi compañero, lo que quiero compartir con él —devoró con la mirada a Kenneth antes de continuar— ...no quiero que nadie lo vea, los felinos no comparten y tendría que arrancarle los ojos si alguna perra se atreve a acercarse a ti. Me llamo Gabrielle y mi número es...
Luke no escuchó nada más. Por él cómo si se juraban amor eterno ahí mismo. Lo que importaba era ver como ella se alejó del coche después del breve intercambio de palabras, y el imbécil de su amigo regresó a la normalidad.
Cuando este le devolvió la mirada lucía esa mueca de «soy feliz como una perdiz y sudo azúcar por cada poro de mi cuerpo», mostrando de nuevo su color original de ojos.
—¿Ya pasó ese uga uga tuyo de lobo? —le preguntó cruzándose de brazos.
Kenneth se rió en alto y asintió con la cabeza.
—Sí, amigo mío, y tengo su teléfono. Si todo marcha como espero, será una boda doble.
Encendió el coche en marcha y puso rumbo a la Comisaría. No podía perder tiempo, esa noche tenía una cita especial con la felina de su vida. Quien le iba a decir que su compañera para toda la vida iba a ser una mujer felina, pero estaba satisfecho con el giro inesperado que le deparó el destino, y con una dolorosa erección que esperaba que la gatita lamiese, para «curarle».
—¡LO QUÉ! Ni se te ocurra cabrón, quiero una boda normal, no una en que mis invitados se pongan a mear marcando el territorio cuando se pasen de copas, o se pongan a aullar a la luna o...
—¿No tienes curiosidad qué harán los felinos cuando están borrachos? —se burló Kenneth, rebasando el límite de velocidad y sorteando el tráfico con eficacia gracias a su sentidos desarrollados.
—Estás de broma, ¿no? —Luke no quería ni pensarlo. Él soñaba con una boda sencilla y acogedora, no con una reunión de chuchos y gatos—. No, no quiero saber nada, no me cuentes nada, ni de esta noche, ni de tu boda, ni nada, no quiero ser invitado, no quiero...
—Amigo, no necesitas invitación, haremos una boda doble, ahorramos la ostia de dinero y tiempo, y será inolvidable.
Las carcajadas de Kenneth acallaron la réplica de Luke. Sí, inolvidable... Chuchos marcando territorio y los gatos arañando las cortinas de la sala de fiestas...
«Nota mental: pedirle a Rosa que nos fuguemos a Las Vegas para casarnos vestidos de Elvis y Marilyn, y recordar para otra ocasión: Nunca interponerme entre un lobo feroz y su pantera.»



13 comentarios:

  1. Holaaaa! Me ha gustado muchoooo :D
    Enhorabuena guapa!!!
    Un besazoooo

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  2. 😂😂😂 me encanta! Que buenaaa! Ole, ole y ole 😘

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  3. Me a encantado, simplemente bueno... sabes como atrapar de lleno al lector y mezclas muy bien todo en una historia corta... pobre Luke jaja

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  4. Me has hecho reír. Gracias por compartirlo.

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  5. jajajajajaXD me encanto las reacciones de luke y sus comentarios

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  6. Me encanta como sabes mezclar erotismo y humor, eres única!!!

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  7. Me encanta como sabes mezclar erotismo y humor, eres única!!!

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  8. Me encanta como sabes mezclar erotismo y humor, eres única!!!

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  9. Jajajajajajaja me encanta!!! Uga uga jajajajaja

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  10. Ahora mi felina también anda nerviosa, joder... ajjaja muy buena

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  11. Cortito...se hizo poco...el amigo lo mejor...los humanos tenemos ese no se...jajajaja

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  12. ¡Oh...!
    Me gustó mucho... Podrías hacer una novela de ésta historia. Con la misma picardía y personajes???
    Gracias por este relato.

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