Ir al contenido principal

La, la, li... la, lo relato de terror: segunda parte


¡Buenas tardes a todas!

Hace tiempo que no publico nada, por eso he escrito la segunda parte de la serie LA, LA, LI... LA, LO, las aventuras de Julie, una niña muy especial.

Aviso que son relatos duros, de terror psicológico. Me gusta cambiar de géneros mientras escribo novela romántica. 

Antes tenéis que leer la primera parte de esta serie, os dejo el link.



Para leer la primera parte: AQUÍ





SEGUNDA PARTE

LA, LA, LI... LA, LO

familia








La, la, li… la, lo… —canturreaba Julie mientras se columpiaba en el parque. A su lado su inseparable osito envejecido con los años.
—¡Oh! Ese osito tan sucio, ¿es tuyo?
Julie detuvo el columpio y se giró encontrando al dueño de la pregunta, un niño de unos ocho años que miraba con asco al peluche.
—Sí, es mío —respondió ella, soltando las cadenas del columpio y cogiendo al osito entre sus manos levantándolo para que el otro lo viera mejor.
—Puaj, ¡qué asco! ¡Hasta huele mal! Eres una guarra y una cerda, deberías tirar ese oso a la basura.
Julie apretó su viejo amigo con sus manos, apoyándolo en su pecho, abrazándolo. Le dolía las palabras del niño. ¡Su osito no olía mal!
—No, no lo voy a tirar, es lo único que tengo. Me acompaña desde siempre.
El niño se rio en su cara, provocando que sintiera vergüenza al ser el centro de atención de los que estaban en el parque.
—¡Qué guarra, qué guarra! Eres una cerda… —cantó el crío señalándola con el dedo.
Julie negó con la cabeza, sin dejar de abrazar el osito de peluche.
—No, no lo soy.
—Sí, sí que lo eres.
—No lo soy.
Antes de que el niño siguiera metiéndose con ella, burlándose y riéndose en su cara, ridiculizándola ante el resto de niños y niñas que jugaban esa tarde de verano en el parque, una señora lo llamó para que se acercara hasta ella.
Cuando Julie se quedó sola rompió a llorar enterrando su cara en su peluche, cerrando los ojos con fuerza y recordando sucesos de su pasado que mantenía enterrado en lo profundo de su corazón.
Le dolía las burlas por ser diferente, le dolía que la señalaran y se rieran de ella, o la insultaran o la golpearan…
«Pequeña, ¿por qué lloras?».
Julie alzó la cabeza y se encontró con el rostro compasivo de su padre inmortal, La Muerte.
—Ese niño me ha insultado y…
«Has recordado cuando estabas viva».
Acabó la frase La Muerte, acariciándole la cabeza a su pequeña pupila, a la niña que acogió hace siglos al ser incapaz de conducirla a las puertas de la siguiente vida.
Aquella pequeña era la única luz que tenía en su oscura existencia.
La niña asintió y se limpió los ojos con una mano.
«No llores más mi niña, que las palabras de ese mortal no te afecten. Los humanos poseen oscuridad en sus corazones y la muestran ante quienes creen que son débiles. Ocultan sus propios miedos, atacando. Vamos, Julie. Ven a casa conmigo».
Le tendió la mano a la pequeña, quien se la agarró sin temor, mirándole con amor y adoración.
«Recuerda que todos los mortales al final se encontrarán cara a cara con sus temores. Nadie escapa de mi visita y la de mis emisarios, y cuando abandonan el cascarón que es el cuerpo humano les golpean todo lo bueno y todo lo malo que han realizado a lo largo de sus vidas. Ese niño en menos de media hora se enfrentará a las burlas y al dolor que causa a otros pequeños».
—¿Va a morir? —preguntó Julie mirando hacia donde el muchacho discutía con quien debía ser su madre, quien no dejaba de gritarle sin despegar la mirada del móvil.
«Sí, su destino está marcado desde su nacimiento. Y fíjate bien, le rodean varios familiares que lo acompañarán en su viaje hacia la otra vida».
Era cierto. Muy cerca del niño había dos señoras que debían ser sus abuelas y que no se despegaban de su lado. La verdad es que no lo había tomado como algo anormal, porque todos tienen cerca a algún fantasma que los acompaña, que les hablan aunque no puedan escucharles.
—¿Y qué le va a suceder?
«Un accidente. Vamos, pequeña, acompáñame a casa. Descansa conmigo de tu viaje por el mundo».
Julie le abrazó, enterrando la cara en su oscura capa negra, disfrutando del dulce aroma que desprendía.
A rosas. Como si estuviera acostada en un jardín con decenas de rosales en flor.
—¿Y no tienes que recogerlo tú?
«No, esta vez se encargará uno de mis emisarios.



Nadie fue testigo de cómo La Muerte acogía a su hija en brazos y los transportaba a ambos a un mundo en el que el tiempo no existía y solo moraban los elegidos para ser los acompañantes de las almas de los mortales cuando sus vidas se cortaban abruptamente.


«A un angelito vi a través de una ventana…
Me miró a los ojos y entonces lo decidí…
Sería mi hija, alma de mi alma, guardiana de mi soledad…
A un angelito vi…
Y en mi familia lo convertí…».
Julie cerró los ojos arropada por la grave voz de su padre, quien la mecía en sus brazos en el dormitorio principal de la mansión. A su lado podía descansar, a su lado era feliz, a su lado estaba segura y nada malo le iba a suceder.
A su lado había encontrado lo que muchos mortales llamaban paraíso.



Mientras en el parque…



—¿Por qué me llamaste, mamá? No ves que me lo estaba pasando bien.
Alicia observó de reojo a su hijo mientras atendía a los chismes que escribían sus amigas en el grupo de WhatsApp. ¡Qué fuerte que Ana se había liado con el profesor de Zumba a espaldas del marido!
—Porque estabas haciendo mucho ruido y eso es molesto —acabó respondiendo a su hijo.
Estaba cansada de tener que estar parada en un banco del parque, al sol, cuando podría estar en la playa tumbada en la arena o en la piscina, o mejor aún, durmiendo la siesta como hacía tiempo que no lo hacía.
Pero en verano no tenía la misma libertad que en invierno. De verdad que ya estaba deseando que comenzara la escuela para poder disponer de tiempo para sí misma y no salir solo porque le tocaba acompañar a su hijo.



«—No ves que el niño no puede estar todo el día en casa sin hacer nada. ¡Qué salga, que tome el aire fresco! —recordó las palabras de su marido.
—Pues sácalo tú, a mí también me gustaría tener una tarde libre para poder dormir la siesta en el sofá como haces todos los días.
—Pero yo trabajo, y tú estás todo el día en casa. Es lo mínimo que puedes hacer, sacarlo al parque para que se despeje un poco.
—¡No es justo! —protestó varias veces mientras escuchaba como su hijo gritaba desde la entrada del piso que se diera prisa que quería ir ya al parque.
—Pues trabaja tú y yo me quedo todo el día rascándome el culo en casa. A ver si te parece justo o no —le echó en cara su marido sin moverse de donde estaba, tirado en el sofá con uno de esos documentales de animales que nadie veía pero que lo tenían puesto como ruido de fondo.»



—¡Mamá! ¿Me escuchas?
La voz de su hijo la devolvió a la realidad. Levantó la mirada de la tintineante pantalla del móvil y le gritó.
—Sí, coño, te escucho y medio parque también. Haz menos ruido, joder. Estoy cansada y si estoy aquí tirada en este banco es por tu culpa, ve a jugar y si vuelves a hacer ruido o a portarte mal te llevo a casa corriendo y te quedas castigado sin videojuegos una semana. ¿Me has entendido?
—Sí.
—No te he oído bien.
—Qué sí, que te entendí —gritó el niño antes de alejarse hacia los columpios, ignorando los chillidos de su madre recriminándole lo maleducado que era y como cada día se parecía más a su padre.



Alicia revisó la hora una vez más. Las siete. Cuando llegara a y media lo llevaría a casa. Que lo aguantara el padre un poco que ella trabajaba todos los días del año y también merecía vacaciones.
—Mira mamá, mira lo que hago.
—Muy bien, Adrián, muy bien —gritó a su vez, sin llegar a mirar realmente lo que estaba haciendo su hijo. Era agotador que estuviera todo el día exigiéndole atención, que gastara cada minuto de su día en él, que mirara todo lo que hacía, que lo elogiara hasta cuando dibujaba mal cuatro rallas y decía que era un coche de carreras…
Estaba cansada de su monótona vida.
—Mira mamá lo que…
Gritos de mujeres y de niños.
Alicia levantó la mirada del móvil y cuando vio lo que vio, sintió que el mundo se abría a sus pies y la engullía.
Dejó caer el móvil al suelo. Dejó olvidado el bolso en el banco. Dejó olvidado todo el cansancio, el dolor por un matrimonio que cada día iba a peor, dejó atrás el sentimiento de que estaba perdiendo los mejores años de su vida…
Y corrió hacia su pequeño, hacia su hijo… quien yacía en el suelo boca arriba en un gran charco de sangre.
Corrió hasta quedar arrodillada al lado de él.
Gritó.
Quiso morirse ahí mismo.
Su pequeño permanecía muy quieto, con la mirada fija y apagada, con… la cabeza abierta… y tanta sangre.
Había tanta sangre.
«No ves que me agotas. Cállate un poco. Vete a tu cuarto y deja de incordiar. No te metas en las conversaciones de los mayores. Agotas de verdad. Eres agotador. ¿Eres tonto o te lo haces? Eres…»



Gritó. Lloró. Abrazó el cuerpo sin vida de su hija mientras llegaba la ambulancia hasta donde se encontraban.
Todo lo demás quedó olvidado. Desde ese día el sentimiento de culpa la acompañaría siempre.

«Mira mamá lo que hago». 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Alegrías del día

Paso corriendo que ya me tengo que ir para saludaros a todas y para colgar las imágenes de El guerrero de mi destino en las plataformas de venta de Amazon.es y Amazon.com , ayer consiguió entrar entre los 100 más vendidos de Amazon!!!!!
Como no tenía el ordenador no pude subir las imágenes así que lo hago hoy. La oferta que iba a ser hasta hoy a la noche tendré que alargarla  un poco porque no puedo entrar en Amazon para cambiarle el precio y porque muchas chicas me han pedido que espere al lunes porque así ellas la pueden comprar. Así que... queda abierta esta oferta hasta que regrese a casa y pueda entrar en Amazon, es decir tranquilamente hasta el martes o el miércoles que viene. Espero que la aprovechéis y le déis una oportunidad a Gaerth!!!!!!
Y muchas gracias a todas las que lo habéis comprado!!!!
Gracias!!!!





IMÁGENES DE AMAZON.ES


Los más vendidos en Romántica 41. Ashia, la niña somalí (Basada en hech... de Neo Coslado 4.6 de un máximo de 5 estrellas(22) Versión Kindle EUR 0,89 42. Alg…

Relato Nunca digas no a un lobo feroz de Ursula Brennan

Con un poco de retraso comparto con todas, por el día del Libro, mi relato Nunca digas no a un lobo feroz, un relato divertido y como no, romántica gay. Espero que os guste, para poder comprender un poco la historia os recomiendo leer antes el relato Nunca hagas enfadar al lobo feroz. 



LINK DEL RELATO 


Es necesario leer Nunca hagas enfadar al lobo feroz para poder comprender mejor la historia de Nunca digas no a un lobo feroz. 





Registro Safecreative: 1503133451057
Imágenes de la portada: Pixabay


Nunca digas no a un lobo feroz
Ursula Brennan




Ponme otra. Liam O´Brian negó con la cabeza mirando con pesar al humano que tenía frente a él al otro lado de la barra, no era habitual verlo por el bar sin la presencia de Kenneth pues habitualmente acudían al local juntos desde que los dos se conocieron en la Academia. Olisqueó el aire notando el olor a embriaguez que sudaba el policía por cada poro de su piel. Se le veía pálido, más delgado que la última vez que estuvo en el bar hacía un mes y con u…

Entrevista y Halloween

Buenos días a todas!!!
Espero que paséis un buen día. Hoy paso corriendo por el blog para comentaros que Ester FG me entrevistó la semana pasada y ayer subió la entrevista en su blog. Me lo pasé genial respondiendo cada pregunta que me envió y espero que os guste cómo quedó. Recordad que los comentarios en los blogs son muy importantes y se agradecen, Ester ayuda muchísimo a las autoras y a los autores y quiero añadir que es una gran mujer a la que tengo el placer de llamar amiga. 




ENTREVISTA


Por el momento no hay muchas más novedades, sigo escribiendo, realizando muñecos con fimo y lana de fieltro y deseando publicar todo lo que tengo pendiente por finalizar. 
¡Ah! Ahora mismo estoy acabando las correcciones profesionales de Belleza oscura y El guerrero de mi destino, gracias al trabajo de dos correctoras muy buenas. Están quedando de lujo las nuevas ediciones. 


Y quien quiera animarse a participar en el grupo LAS CHULÍSIMAS DE SHEYLA DRYMON, comentaros que además de juegos, encuestas…