Fantasías Oscuras- Sheyla Drymon


Este relato estaba incluido en la novela Deséame, mi primer recopilatorio de relatos eróticos que publiqué en Amazon, pero tras mucho pensarlo he decidido retirarlo de la venta y poner gratuitamente cada relato en el blog, para que podáis leerlos cuando queráis. 

Espero que os guste. 






Título: Fantasías oscuras
Autora: Sheyla Drymon
Obra registrada en Safecreative
Primera edición
Portada: imagen pixabay
Se prohíbe su distribución, sin permiso de la autora, al igual que el plagio o las adaptaciones de este relato. 




FANTASÍAS OSCURAS

SHEYLA DRYMON



GLOSARIO



Despertar a la pasión: de la autora Julie Garwood, el protagonista le da a su mujer una nota con palabras cariñosas para que ella elija cuál le gusta más y así memorizarlas.

Cruising: término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos como parques o descampados.
Gideon: Gideon Cross, personaje ficticio perteneciente a la trilogía de Crossfire de la autora Sylvia Day.
Ginseng: es una planta pequeña de la familia Araliaceae, la raíz la cual se utiliza tradicionalmente en la medicina china tiene propiedades estimulantes y se le atraibuyen (además de otras propiedades medicinales) efectos afrodisíacos.
Grey: Christian Grey, personaje ficticio perteneciente a la trilogía Cincuenta Sombras de la autora E.L.James.
Lion Romano: personaje ficticio perteneciente a la novela Amos y Mazmorras de la autora Lena Valenti.
Shannon McKenna: autora americana de novela romántica. Su novela Tras las puertas es el primero de la serie CONNOR&CIA publicada en España por la Editorial Manderley.










PRÓLOGO





Debo de dejar de leer novelas eróticas...bueno no, eso no, que me puede dar algo, no podría con el ANSIA por saber qué pasa, qué sucede, cómo enamora a la protagonista (y de paso a mí un poquito lo reconozco, que suspiro cada vez que leo una escena de amor), pero lo que sí debo de dejar de hacer es probar a hacer una escena...con mi marido. O más bien…dejar de soñar con realizar alguna escena con mi esposo.
¿Por qué todo este rollo? Porque la vida real es muy diferente a lo que leemos, en la vida real hacer el amor a la luz de la luna es súper romántico (y de paso la maldita celulitis, las estrías y esas odiosas pecas que cada año me salen se difuminan milagrosamente por la tenue luz que se proyecta a través de las cortinas), en las novelas lo es, con la luz encendida, devorando los marcados abdominales de él y los turgentes pechos de ella....
Como no tengo un cuerpo 10, ni tampoco lo quiero que adoro el chocolate y me convertiría en un troll con melena si me tengo que poner a dieta, prefiero mis michelines a pasar hambre el resto de mi vida, pues hay que buscar el modo de hacer pasar por alto los pequeños/gran defectos que podemos tener todas. Como siempre nos dicen, hay que saber nuestros puntos fuertes para potenciarlos y los puntos débiles para minimizarlos con ropa y maquillaje.
Pues bien, después de leer varias novelas de esas súper ventas en todas partes y eróticas a más no poder, estaba mojada, húmeda, con unas ganas locas de que llegase mi maridín a casa y me cogiese en el sofá, en la mesita de la entrada, en la mesa de la cocina, en la cama, vamos...donde más morbo nos diese, pero....
¡Oh, Dios!
Me miré hacia abajo con los ojos abiertos de la sorpresa y el horror.
¡Estaba sin depilar! 
No soy la mujer lobo, pero tengo bastante pelo, y como quiero que esta noche sea súper especial voy corriendo al baño a depilarme.
Me gustaría poder llenar la bañera, tirar unos pétalos de rosas y fragancias para tener un momento especial y salir oliendo a diosa del paraíso...pero tengo una ducha de plato, unos.... ¿cuánto mide?
Espera que lo mire.
40x40cm más o menos. Así que no hay modo de que pueda bañarme como una diosa, habrá que hacerlo como una mujer que vive en un piso de 80 metros con su marido y su tortuga Zape.
Nada más entrar me fijo que una de las bombillas del baño parpadea.... la muy hija puta se está muriendo.
NOTA MENTAL: no comprar más bombillas en los chinos, de comprar mejor una buena en el IKEA...aunque sea made in china, así al menos si se muere tendré a quien poner a parir cuando me quede a oscuras en medio del baño.
Me miro en el espejo e intento imaginar qué pensaría Grey si me mirase....
Eres la diosa de mi vida, con tus....pechos llenos (por no decir grandes, sí, los tengo grandes...), tus ojos vivaces (con unas ojeras acuciantes, y unas pequeñas arruguillas que me niego a mirar, si las ignoro, no están) , tus carnosos labios (bueno, no tengo queja, mi marido está muy feliz con mis labios jajajajajaja), tus....redondeadas mejillas (sip, tengo cabeza manzana, me gusta la forma de mi cabeza), tu hermoso y largo pelo color.... cof cof (Grey habría sabido el color exacto de mi pelo, para mí es entre marrón claro, oscuro  y con algunas canas....) y....
Mejor no sigo, que me pongo a examinarme y siempre consigo deprimirme, no tengo el cuerpo que desearía pero estoy feliz con el que tengo, después de todo si no me quiero aunque sea un poco quien me querrá, además, mi marido me sigue diciendo varias veces a la semana que estoy muy guapa, y con eso me siento la mujer más hermosa del mundo.
Me desvestí lentamente sin dejar de mirarme en el espejo.
¿Qué diría Gideon si me viese?
Él me juraría su amor eterno, ocultaría el dolor de su pasado, su fuerza me abrumaría pero me atraparía en sus redes, su toque me haría arder desde dentro, su...
Escucho el teléfono a lo lejos, el estridente sonido me pone de los nervios, parece un gallo afónico. Me miró de nuevo, de arriba abajo, como estoy en bolas no salgo del baño, además ese era MI MOMENTO, que salte el contestador.
Abro el grifo del agua caliente y  la regulo, hasta que queda tal y como a mi me gusta, caliente pero que no me hierva como un langostino a la plancha.
Por unos segundos pienso en toda esa agua que se pierde cuando dejamos el grifo abierto hasta que el agua adopta la temperatura que nos gusta, es una pena que no podamos regularla desde su salida para no perder tantos litros inútilmente.
Bajo el chorro del agua, no puedo evitar en recordar algunas escenas de varias novelas que he leído, como Tras las puertas de Shannon McKenna...ummm esa escena en la ducha, con gusto estaría bajo el chorro aunque mi piel se pusiese como una pasa si al final acababa gozando...tres veces, no, mejor cuatro, por pedir que no quede.
Me acaricio lentamente, disfrutando de la agradable sensación de mis resbaladizas manos sobre mi piel, si ya estaba cachonda y con ganas de que mi marido llegase, ahora lo estoy más. Rechazo la idea de tocarme un poco, bueno....mucho hasta estallar en el… mejor orgasmo de ese día por el momento, y rebusco entre los champús buscando el 2x1, no tengo tiempo para lavar el pelo más de una vez y dejar actuar el acondicionador. Cierro los ojos mientras me pongo el 2x1, no puedo negar que es bueno, que deja la melena reluciente y limpia pero el muy jodío pica a morir, si entraba un poquito en los ojos acababa llorando y con deseo de arrancármelos. ¿Es que era tan difícil hacer un champú que no picase?
Una vez que salgo de la ducha, me visto con rapidez mi pijama de ovejitas casi una talla más grande (¿por qué siempre quedan bien en la cadera pero luego te sobra media pierna?) y me pongo a secar el pelo.
Momento OFF, odio secarme el pelo, creo que se nota ¿no?
Lo seco con rapidez y decido pasar las planchas, no puedo conseguir un efecto de diosa total del sexo con unos pelos de loca, con un volumen que amenaza a parecerse al nido de un ave.
Sin fijarme mucho en lo que hago voy pasando las planchas mechón a mechón, es tedioso. Para que luego digan porqué tardamos tanto en prepararnos, si tuviesen que hacer la mitad de lo que hacemos....
Casi las dejo caer cuando recuerdo que entre pensar en sexo, enjabonarme la cabeza y volver a pensar en sexo, no me he depilado.
Joder.
Toca depilarse en seco, a las prisas y echarse un aceite de aloe vera para que no se note.
Con el pelo a medio planchar, saco la maquinilla de afeitar de mi marido (luego tendré que borrar las pruebas que mira que se enfada porque la uso para las piernas, con lo bien que va su maquinilla), me quito el pijama, las braguitas de algodón blancas, y comienzo a depilarme.
Arriba y abajo, y otra vez, así en las dos piernas. Con mucho cuidado, con mucho…aunch….
Eso dolió.
Pero al final…
Piernas depiladas. Sexys o sexys y... con... (los estoy contando eh, algo de paciencia chicas) con tres cortes en la pierna derecha y dos en la izquierda.
Oh Yeah, récord personal en cortes.
Echo el aceite con prisas, me lavo las manos, no puedo perder tiempo, quiero estar perfecta antes de que llegue (ya sabéis quien ¿no? jajajajaja), me pongo las braguitas, el pijama y acabo de plancharme el pelo, sólo entonces salgo al dormitorio.
Rebuscó en el cajón de la ropa interior (que bien queda llamar así al cajón de las bragas) y saco un camisón que tenía olvidado, uno de esos que me regalan las amigas en plan picantón pero que luego no le hago ni caso.... 
Saco uno rojo, el color de la pasión, haber si hoy hay mucha.... que llevo unos días a palo seco. 
Me lo pongo y me miro en el espejo.
Ok, no me queda tan mal, pero prefiero ponerme un sujetador rojo a juego para que no se note que las tengo un poco caídas y unas braguitas negras para haber si así desvío un poco la atención de la barriguita.
Dicho y hecho.
Ahora sí, soy una diosa del sexo. 
Hago una coleta alta para lucir mi estilizado cuello, me maquillo un poco, me pongo unos taconazos que nunca uso porque parece que camino como una grulla borracha, y espero nerviosa en el salón. 
En nada la piel se me pone de gallina, y no, no por los nervios si no porque estamos a 15 grados y hace un frío de cojones.
Subo la calefacción y la pongo a 20, tampoco quiero que haga mucha calor.
Ahora sí, a esperarle en el salón.
Vale, que podía lanzar pétalos por el suelo (pero como tendría que barrerlo luego, que él sólo le gusta pasar la aspiradora y los pétalos seguro que la jodía, así que ni loca...), o poner velas encendidas (para que pueda quemar algo o huela la casa a quemado....nop), o bajar las luces (las bombillas no lo permiten pero por soñar que no quede) todo eso sería ideal, pero lo que hago realmente porque me aburro, es sentarme en el sofá y encender la tele.
Bien. 
Sálvame delux, a marujerar un rato para ver qué pasa en el país (sí me gusta verlo jajajajaaja) del famoseo.
Miro de vez en cuando el reloj.
Joder lo que está tardando, menos mal que como diosa del sexo estaré caliente cuando llegue con ganas de que me tome en la entrada y...
¿A quien intento engañar? Si estoy a un paso de quedarme dormida mirando la tele.
Lucho contra el sueño, hoy VA A SER EL VIERNES, el día en que me comerá completamente y nos volveremos locos en brazos del otro, el día en que gozaremos hasta que el mundo explote a nuestro alrededor, el día en que...
Holaaaaaaa sueño, bienvenida al mundo de las fantasías en las que ÉL siempre llega a tiempo, te recibe con una gran sonrisa, te dice que te ama a diario, que eres la mujer de su vida, que si no estás a su lado se muere y que con sólo tocarte te correrás de gusto.
¿Por qué demonios sólo pienso en sexo? Para que luego digan de los hombres...
Oh, sexy o tan sexy..... con lo guapa que estoy...




Menos mal que estoy soñando y no me veo, porque estoy tirada en el sofá con una pierna colgando y la otra estirada, con el mando agarrado con fuerza en mi mano derecha, la coleta torcida al apoyarme completamente contra el cojín y de fondo, la musiquilla del Sálvame resonando por el salón. 
Pero la noche aún es joven (bueno no tanto pero en mis sueños el tiempo es infinito) y haber qué sucede cuando llega mi marido.
Quiero sexo, así de simple o le corto los huevos por llegar tarde.







CAPÍTULO 1





Me despierta el sonido de las llaves en la puerta, medio dormida me asusto pensando por unos segundos que es un ladrón forzando la puerta....sí, soy muy fantasiosa pero nunca se sabe, que ha habido muchos robos en la zona y ya ni en casa estás segura al 100%.
Escucho la voz de Mario (sí, así se llama mi maridín) con un tono claramente cansado.
Oh, no...hoy toca cortarle los huevos por llegar tarde, y por otra noche sin sexo....
Al fin en casa, joder.
Le escucho trastear en la entrada contra la puerta, por los otros sonidos me imagino que ha dejado caer el maletín al suelo y dejó la chaqueta en la mesita de la entrada (ya lo recogerá luego, porque YO me niego).
Me siento en el sofá y busco una postura que parezca sexy, pero sentada la barriguita se me acentúa, bueno ¡cojones! después de que llegue....Echo un vistazo rápido al reloj y veo que son las once..., dos horas tarde si me dice algo acerca de mis michelines le muerdo y no precisamente dónde a él LE GUSTA.
Por qué está todo tan oscuro. ¿Estás ya durmiendo?
Oleeee mi Mario, si estuviese durmiendo gracias a tus gritos ya estaría despierta, pero que tacto tienes chatín. 
Le veo aparecer en el salón.
Si estás viendo la tele deberías encender la luz, es malo verla a oscuras y....
Sigo callada, veo como enciende la luz y oh ¡SORPRESA!, se da cuenta de mi atuendo. ¡¡¡¡Bien!!!! Bravo Mario, al fin ves que voy vestida como una diosa del sexo, un poco despeinada y con las marcas de cojín en mis mejillas seguramente, pero una diosa puede ir como quiera, ¿no? y siempre estará PERFECTA.
Le veo parpadear, boquear, pasarse una mano por los cabellos, mirarme de arriba abajo (debería abrir y cerrar las piernas en plan Instinto Básico pero seguro que me saldría como el culo, así que le sigo mirando en silencio manteniendo los hombros lo más tiesos posibles para que el pecho se marque más, no va a ser sólo la Obregón quien tenga esa técnica contra la flacidez en los pechos....). 
Estoy a un paso de preguntarle directamente qué piensa de mi aspecto, porque me estoy poniendo nerviosa ante su escrutinio, Gideon, Grey, Lion Romano,y un largo etc se habrían lanzado sin pensarlo dos veces sobre mí para devorarme por completo, mi Mario...
¿A que me iba a "sorprender" con su.... Lo siento cariño pero estoy cansado (léase, sólo quiero dormir, no me apetece, me duele la cabeza, en resumen, NO QUIERO FOLLAR)? 
Creo que le voy a meter gingseng o como se diga en el café cada mañana haber si desaparece su perpetuo cansancio y al menos toca un poco de fuego, explosiones, puro sexo dos o tres veces por semana...no dos o tres veces por mes....
Yo...
Su voz suena tensa.
Como ya me conozco el cuento y la verdad estoy enfadada no sólo por todo lo que he hecho para prepararme, por buscar que nuestro matrimonio tenga más chicha, por buscar tener más vida sexual, por....¡cojones! ¿Porque tengo que ponerme excusas?, sólo quiero sexo y no debo sentirme culpable por pedirlo y sí, me puedo sentir decepcionada por no tenerlo. 
Me levanto, me acerco a él que ahora está mirando a un punto por debajo de mi barbilla, bueno...al menos me mira el pecho, el sujetador es bueno y me las levanta que da gusto. 
Al final con voz enfadada, no puedo remediarlo, quiero SEXO, no es mucho pedir, me gusta, lo disfruto y lo quiero más seguido. Sé bien que trabaja, que llega cansado a casa, pero luego hablo con amigas que sus Pacos, sus Pepés, les hacen las mil maravillas aún después de llegar de la obra cansados.
Anda que no me muero de envidia cuando tomo un café con las amigas y ellas expresan en alto lo buen amantes que son sus maridos, lo bien que se lo han pasado o las quejas de sus vecinos por sus gemidos y gritos de placer noche tras noche a lo largo de la semana.
Grrrrrrrr
Mario trabaja de abogado en un buffet, si que es cansado su trabajo, pero también trabajo todo el puñetero día en casa y quiero un poco de atención, haber cómo le va a sentir el día en que quiera y le diga que me duele....el tobillo para innovar que lo de la cabeza está muy visto.
No te preocupes, estoy cansada también, hoy has llegado muy tarde, te esperaba hace dos horas, voy a cambiarme que quiero ver el final del Deluxe.
Con la cabeza alta y sin mirar atrás pasé por su lado camino al dormitorio. No iba a llorar de la frustración, vale que tenía ganas, pero mi matrimonio no se basaba sólo en el sexo, amaba a Mario y esperaría. Mañana ya me tocaría un poco para apagar el fuego que me quemaba por dentro. Seguiría masturbándome mientras Mario no dejaba de decirme día a día que llegaba a casa agotado y que no le apetecía nada.
Ya no tenían 20 años, tenían 35 y una carga a sus espaldas entre la hipoteca, los casos de Mario, las rencillas con las vecinas marujas, cotillas y metementodas, él llegaba cansado y ella estaba un poco cansada de todo.
Pero no llegué al dormitorio. Mario me atrapó entre sus brazos y me susurró (mierda, él sabe bien que eso me pone más, está torturándome):
Está noche estás guapa, Naty, me gusta cómo te queda el rojo.
Bien, quizás será por el maratón de erótica que me he metido en el último mes, por la manera de hablar de ellos, de ellas, de.... que le respondí:
Y ¿Por qué no follamos? ¿Ya no me encuentras atractiva? ¿No te pongo cachondo? Vale que estás cansado, pero joder, ¡quiero sexo!
Bien, lo debí asustar porque él me soltó al momento. No quería mirarle a la cara, no después de haber hablado tan crudo de lo que me pasaba, de lo que deseaba, porque era una mujer muy vergonzosa que no solía hablar de esos temas, o más bien, no los hablaba con él, si no con las amigas.
¿Follamos?—repitió él. Muerta de la curiosidad me di la vuelta y le miré a la cara.
¡Error!
Estaba conteniendo las carcajadas.
Cabrón, no te rías de mí. 
Mario me abrazó, y me dijo:
No me río de ti, cielo, me río porque nunca te he escuchado hablar así y...—un tenso silencio de varios segundos—... me has sorprendido y....
Me separo de él y le miro a los ojos.
¿Y qué? ¿Qué sucede?
Que me has puesto cachondo—reconoce finalmente para mi sorpresa.
¿Le he puesto cachondo porque le he dicho que quiero que me folle?
No quiero permitir que la esperanza a que esa se convierta en LA NOCHE, así que me centré en él, en cómo estaba reaccionando, en cómo me miraba mostrando sorpresa, alegría, y un brillo extraño (bien, no veo brillos en sus ojos pero queda bien decirlo) que no sabría identificarlo.
¿Te he puesto cachondo? 
Mario asintió, acariciándome la espalda, deteniéndose unos segundos en mis nalgas...
Sí, muy cachondo, como dicen los de ahora, estoy palote Naty. 
Hice un mohín y con algo de vergüenza digo:
Pues no sé porqué perdí el tiempo preparándome para...
Mario me besó, wuooooooooo puede que no sea un beso de película pero aún después de 6 años de matrimonio aún sigo sintiendo que el mundo se abre a mis pies cuando me besa. 
No has perdido el tiempo, siempre estás guapa para mí, pero hoy estás...
Bien, Mario a pesar de ser de Letras, no es muy dado a los piropos, voy a tener que hacer como en la novela de Despertar a la pasión de Julie Garwood, tendría que hacerle un listado con los piropos que más me gustan, para que se los memorice, y así en lugar de que siempre me dijese que estaba guapa, podría decirme...no sé... estás radiante...., hermosa...., la luz que brilla su camino..., bueno, esto último no, suena un poco...repipi.
¿Hermosa?
Le ayudo al decirle.
Él se echó a reír y me abrazó con fuerza.
Siempre consigues sorprenderme Naty.
Bien, le sorprendo, le hago reír, le parezco guapa, pero el caso es....
¿Pero esta noche hay sexo o no hay sexo? —le acabo preguntando.
De nuevo carcajadas como respuestas, pero sus manos viajan hasta posarse sobre mi culo y noto que se está "despertando".
Oleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.
Oleeeeeeeeeeeeeeeeee.
Viva mi Mario y la madre que lo parió, bueno ella no Oleeeeee nada que es una arpía que no deja de decirme que le robé a su niño cada vez que me ve, pero es su madre y hay que aceptarla tal y como venga, por muy ****** que sea.
Menos mal que mis dos cuñadas son unos cielos de personas y las quiero como hermanas, que si no....
Pero.... ¿a qué vino esto?
¡Ah, sí! 
Oleeeeeeeeeeee mi Mario y su GRAN MARIO.
ESTA NOCHE QUIERO SEXO
NOTA MENTAL: se ha librado de que le corte los huevos...por el momento, que luego ya le pediré explicaciones porqué demonios ha tardado dos horas en llegar a casa.










CAPÍTULO 2




¿Pero esta noche hay sexo o no hay sexo?
Durante unos minutos mi pregunta sobrevuela (ostias que literaria me estoy volviendo, esto de leer erótica te culturiza..., si hasta sé lo que es el cruising y todo....,algo que por cierto, no haría y si mi Mario se atreve...acaba cantando en el coro por lo agudo que le va a quedar la voz cuando le corte los huevos) la estrecha entrada del piso. 
Él me sigue abrazando mientras sus carcajadas van remitiendo, lo bueno es que su GRAN MARIO no ha disminuido de tamaño, así que sin descaro me restriego contra él, metiendo una de mis suaves piernas entre sus muslos para poder tocarle mejor. Delante, atrás. Piensa que eres la más sexy, la reina del baile, la...
Escucho un jadeo. Bien, el movimiento está haciendo su magia. Lo voy a poner cachondo, quiero que esté duro, ansioso, que desee follarme como nunca antes lo hizo (y peor que mañana, que otro día tiene que lucirse no va a ser este el polvo de su vida....o de la mía).
Suelto un gemido, uno de esos que sé que le vuelve loco, y me aprieto con fuerza contra él. 
Mmmm que bien hueles. 
Le digo con voz enronquecida y olisqueándole a la altura del cuello.
Sí, mi Mario no mide dos metros ni es un vikingo espectacular, es un hombre normal y corriente, con pelo negro, escaseando...pero como yo le digo, son entradas pronunciadas, ojos  negros o marrones oscuros según el día, nariz un poco aguileña, cejas bien depiladas para ser hombre (oleeeeeeee mi Mario que quiere ser metrosexual pero es lo único que se depila, probó la cera en el pecho y estuvo un mes como la peli de Virgen a los 40), cuerpo atlético…, bueno lo fue a los 20, ahora tiene un poco de barriguita, no se le marcan los abdominales pero para mí es el hombre más sexy del planeta, (lo siento Vin Diesel, pero Mario es mi marido por mucho que me mires con tus espectaculares ojos, le debo fidelidad....)
Estoy todo sudado, huelo mal, tendría que ducharme...
¿Y qué te toques en la ducha, o que se te baje por el calor? Noooooooooo nene, de aquí no te me mueves.
¿Por qué vas a ducharte ahora si luego voy a conseguir que sudes muchísimo?
Vale, en mi mente sonó mejor, ¿Voy a conseguir que sudes? ¿Es que acaso lo voy a poner a fregar el suelo de rodillas toda la noche por llegar tarde? Vamos, que leí muchas novelas pero en ellas las autoras lo hacen mejor....
Mario se separa de mí y me mira a los ojos.
¿Pero qué te pasa? Hoy estás extraña.
Extraña no, cachonda sí.
No, lo que pasa es que te echaba mucho de menos, quería que llegases me vieses como la diosa del sexo que soy y estuviésemos toda la noche follando como cuando tenías 20 años.
Mario me mira con sorpresa y con una mueca que mostraba que se estaba partiendo de la risa por dentro.
Cuando tenía 20 años no estaba contigo, estaba con...
Le agarré de los huevos. Bien sabía con quien estuvo, pero que me lo echase en cara esa noche NO. Se los apreté y dije:
Ni se te ocurra hablar de otra en mi cara. Recuerda, eres mío, si me llegas a engañar te los corto—para que viese que hablaba en serio se lo apreté un poco más, que le duela un poco, más tarde le curaría a besitos, a lametazos como él prefiriese.
Pero esa noche mí Mario parecía otro hombre, o tal vez yo le miraba con otros ojos, porque en lugar de quejarse gimió en alto, con un tono ronco, como un gruñido de un animal en celo. Miré de reojo hacia abajo y vi que estaba  duro, DURO, vamos que a punto de salírsele del pantalón.
Sí, mi Mario pasa de la media, nada de 13 cm, él llegaba a 17 y bien llegados con un grosor que me daba mucho gusto, vamos grande y gordita como nos gusta, seamos sinceras.
Como veo que si le hablo duro le excito más... (parece el mundo al revés que habitualmente por no decir siempre es él quien lleva la voz cantante en las relaciones sexuales que tenemos), le acarició por encima el paquete con suavidad, haciendo unos círculos pronunciados y murmuro:
Y esta noche si no me sueltas eso de que estás cansado te lo voy a demostrar.
¿Qué me vas a demostrar?—repite mirándome con la boca entreabierta y moviendo la cadera sin darse cuenta, hacia delante, buscando más contacto. Sigo acariciándole, aumentando un poco más la presión, maldiciendo por dentro por la rugosa tela que me separa de lo que llevo deseando a lo largo del día, de la semana.
Que eres mío, completamente, que te voy a comer entero, que esta noche te cabalgaré duro como nunca antes lo hice, que quiero que me tomes con fuerza, contra la pared, contra el suelo,  a cuatro patas, como quieras, quiero que me folles, duro, fuerte, que te corras dentro, que me corra como nunca antes lo he hecho, quiero que mañana cuando me levante aún te sienta dentro, moviéndote, marcándome....—mis palabras le estaban afectando mucho, su respiración se hizo más irregular, se movía erráticamente hacia delante sin control, comenzó a sudar  y se lamió un par de veces sus resecos labios. Me puse de puntillas, bien no era bajo pero me sacaba una cabeza y media, le lamí y mordisqueé la oreja antes de susurrarle—. Porque quiero que sepas que soy tuya y tú eres mío, y esta noche quiero que me lo demuestres.
NOTA MENTAL (sí, soy pesada con tantas notas mentales, pero si no las hago me olvido de las cosas): memorizar más frases candentes de las novelas y soltárselas cuando quiera sexo, porque ¡mi madre!, se puso como una moto, me agarró con fuerza, me levantó del suelo y me llevaba hacia el cuarto.
Como esa noche quería que fuese especial, le dije:
En la cama más tarde, quiero que me lleves a la cocina, que me tomes contra la mesa, quiero que me devores, que cuando desayunes recuerdes que ahí mismo me follaste con fuerza, que te corriste llenándome con tu leche, que te....
No pude decir nada más. Me besó con fuerza y comenzó a acariciarme por todas partes, desabrochándome el sujetador y arrancándome mis braguitas....Menos mal que las compré en una oferta de Blanco de 4x3 que si no....
Sin dejar de acariciarme me llevó hasta la cocina (ostia igual hasta tengo alma de Dómina y todo.... porque me estaba obedeciendo) y me apoyó contra la mesa, de cara a él.
Más...—le susurré, mirándole a los ojos.
Oh, joder nena, estoy como una moto, si no te la meto ahora, me muero.
Buenoooooooo, no era lo que esperaba, la verdad es que me esperaba más…. Si no te saboreo, si esta noche no te hago mía, no podré vivir, cosas de ese estilo. Pero bueno, se lo aceptaba, Mario es Mario y que tuviese tantas prisas me indicaba que lo estaba haciendo bien, y la verdad es que después de pensar todo el día en SEXO, de acariciarme un poco en la ducha y de sentir sus caricias y esos besos abrasadores ya estaba más que preparada. Estaba húmeda, caliente, nerviosa, ansiosa, con unas ganas que....
En silencio me moví y salté hacia el suelo.
¿Pero qué? ¿No quieres jugar?
Ignoré sus preguntas, simplemente me di la vuelta y me apoyé contra la mesa, ocultando la cara entre los brazos, gracias a los tacones (suerte que me aprietan un poco si no los habría perdido entre tanta ida y venida...pero es que estaban de rebajas a muy buen precio y qué... importaba si me apretaba un poquitín, eran preciosos y seguro que encontraba el día para usarlos) sólo tuve que moverme un poco para que mi culo quedase en pompa.
Me abrí lo más que pude sin perder el equilibrio o sin sentir como si me tirasen (sí, debo hacer deporte, no tengo flexibilidad....) y jadeé:
¡Ahora!—mi voz era exigente—, tampoco puedo esperar, te quiero ahora, duro y fuerte, que te corras dentro.
Joder Naty.
Ese joder no sé si era qué no estaba muy conforme con mis palabras o qué le había excitado más, por suerte no tuve que comerme el coco porque escuché como se bajaba los pantalones y me penetraba sin miramientos, sin detenerse ni un segundo, llenándome hasta el fondo.
Me moví más hacia atrás, lo quería todo, lo quería todo dentro de mí.
Oh, sí, si, si, más, más.
Gemí moviéndome hacia atrás y hacia delante, quería que comenzara a penetrarme con fuerza, a poseerme, a marcarme como él sólo podía hacerlo, que pasara como ocurre en las novelas, que el mundo explotara para los dos cuando la sangre se arremolinase en mis venas y ardiera quemándome como la lava fluyendo de pies a cabeza.
Joder nena, joder—bien, debo regalarle algún libro para que amplíe su vocabulario, y eso que estudió Letras..., que estudió Derecho.
Me sujeta con fuerza la cadera y se movió, delante, detrás, enterrándose sin miramientos, sin darme opción a moverme, a escapar. 
En la cocina, con el ruido de la maldita nevera de fondo, sólo se escuchaban nuestros jadeos, y como entraba y salía de mi cuerpo, un sonido que para mí, sonó a gloria.
Noté como una de sus manos abandonaba mi cadera y se dirigía hacia mi coño.
Él se tendió sobre mí para poder tocarme, para poder masturbarme mientras seguía introduciéndose, mientras me penetraba con una fuerza, con una energía que desmentía que llegara reventado a casa.
Aquel era el Mario que hacía tiempo que quería sentir, ver, el que era capaz de conseguir que me derritiese  el que conseguía que pudiese sentirlo completamente dentro de mí, que me provocaba un calor, un fuego que me consumía, que me volvía loca.
Dios, sí, sí, más, más—gemí sin control cuando comenzó a acariciarme el clítoris sin dejar de penetrarme, al estar acariciándome las penetraciones eran más profundas, más lentas, consiguiendo que jadeara en alto y el corazón me bombease contra el pecho a un ritmo alocado.
Así nena, así, qué caliente estás hoy, qué mojada.
Porque te deseo mucho, sólo a ti—bien, no sé que debí de decir que él dejó de acariciarme y comenzó a poseerme con más fuerza. Ya tenía marcas en los brazos de la mesa, pero por nada del mundo iba a moverme. 
Cerré los ojos y sólo quise sentir, sin importarme que los vecinos me escuchasen gemir en la cocina, sin importar que las servilletas habían caído al suelo y que si seguía así iba hasta tirar el frutero, sin importarme que estaba la luz encendida y me está viendo sin medias tintas, completamente. 
Sólo quería sentirle, como me golpeaba dentro, como me llenaba completamente, como me ensanchaba cada vez que se sumergía dentro de mí, como sonaba nuestra unión.
Intenté seguirle el ritmo, pero apenas podía moverme, apenas podía echarme hacia atrás buscando una mayor penetración, una unión completa, liberé un brazo y comencé a acariciarme yo misma.
Lentamente, en círculos, con rapidez, según el cuerpo me lo pidiese. Ya estaba más que mojada, mis dedos se deslizaban sin problemas sobre aquella protuberancia rojiza, sobre aquel montículo que conseguía que viésemos la luz y más allá, sobre mi clítoris.
El calor se hizo insoportable, podía sentir un hormigueo a la altura de mi ingle, dentro de mí, un cosquilleo que amenazaba con expandirse.
Oh, Dios, oh, Dios, sigue, sigue, más fuerte, sí, si.
No quería que parase por nada del mundo, si paraba lo mataba. Estaba a un paso de saborear el orgasmo, a un paso de explotar en miles de pedazos, de sentir que el calor me abrasaba por dentro, que mis células se expandían y regresaban a su tamaño, una sensación que duraba apenas unos segundos pero que te producía una calma, una paz que duraba horas, días.
Si que comprendía el dicho de.... el pariente no le da lo que quiere, o el... lo que necesita es que la follen por su cara de amargada.
Bien...tuve esa cara durante semanas, pero aquel viernes, aquella noche....
Me movía sin control, quería más, ya podía sentirle muy dentro, golpeándome en el cuello del útero (vale, no estudié medicina pero creo que se llama así), bombeando con una fuerza y sin control, como una bestia salvaje que había perdido el rumbo, que sólo ansiaba liberarse, alcanzar una meta que en segundos creo que los dos íbamos a llegar.
En las novelas los dos llegaban al mismo tiempo, en mi vida real, o yo llegaba antes y él me seguía o él llegaba antes y me quedaba con las ganas de más, o acaba tocándome para que pudiese llegar, o era yo la que me tocaba sin pudor porque no me iba a acostar con las ganas, según el día. 
Joder Naty, voy a correrme.
Ya perdí las veces que había dicho joder, pero lo que no quería por nada del mundo era que se corriese ahora, me faltaba poco, muy poco y JODER que iba a correrme.
Aún no, espera.
Joder, no voy a poder mucho.
Pues calla y fóllame, que estoy a punto de correrme—le respondí de mala gana. Que no era un muchacho , coño, algo podría esperar, si no le tocaría lamerme o tocarme bien a fondo para que no me quedase fría como un pez y él tan feliz como una sardina.
Vale...se nota que mis neuronas están bailando,  ¿no? porque ni sé que digo, sólo que....
Sus embestidas se hicieron más lentas, más profundas, de nuevo se echó hacia delante y me tocó, apartándome la mano, me tocó con dureza, presionando sus dedos sobre mi hinchado clítoris, pellizcándomelo.
Jadeo. No puedo evitarlo. Me gusta.
Oh, si, oh si...Mario más, más no pares.
Sus dedos siguieron tocándome, pellizcándome, dibujando círculos profundos sobre mi clítoris provocándome un intenso placer que estaba a punto de….
Me tensé y no pude evitar gritar.
El mundo explotó a mí alrededor.
Me corrí.
El calor se extendió desde mi vientre a todas partes, en todas direcciones, pude ver chispitas en mis ojos y eso que los tenía cerrados y pude sentir cómo le apretaba con fuerza, cómo le envolvía la polla con gula, deseando que ahora fuese él el que me siguiese.
No tardó en hacerlo, me soltó al notar como mi cuerpo se quedaba laxo y apoyó sus manos en mi cadera, me penetró con fuerza, dos veces, otra más y....
Se corrió, inundándome por dentro, llenándome con su leche como le dije (chicas tengo el DIU, que por el momento no está el patio como para ir por un bebé).
Oh, Dios —murmuré luciendo una sonrisa de pura felicidad.
¡Lo que había esperado por ese momento de dicha!, por ese instante en que nuestros cuerpos están unidos, en que hemos sido uno y los dos hemos dado placer al otro.
Puede que me llamen egoísta pero creo que el sexo es esencial en una relación, que el placer que puedes darle a tu pareja es un regalo que no deberíamos de olvidar de dar, al igual que ansiamos que nos lo devuelvan, que nos mimen, que nos llenen de besos, de caricias, pero también que nos tomen con pasión, mostrándonos que les volvemos locos.
Oleeeeeeeeeeeeeeeee Mario.
Todas juntas. Pero sin tocar, ni ver ni nada eh, que Mario es SÓLO MÍO.
Oleeeeeeeeeeeeeeee Mario, que esa noche los dos somos los dioses del sexo.
Esa noche los dos habíamos gozado, disfrutado, gemido, sudado, y ante todo nos habíamos unido más, saboreando el orgasmo, pudiendo sentir el cuerpo del otro, disfrutando de su placer tanto o más que el tuyo propio.
Oleeeeeeeeee Mario, ya no te corto los huevos.
Él se separó y escuché cómo se subía el pantalón. Por mi parte, necesité unos segundos para recomponerme, estaba medio acostada sobre la mesa de la cocina, sin respiración, temblorosa y sintiendo como la humedad, como el semen de Mario entremezclado con mis jugos se escurría entre mis piernas. 
Esto ha sido...espectacular.
Mario se rió a mis espaldas. 
Aiiiiiii Naty que siempre me sorprendes.
Me giré un poco y le sonreí.
Espero que para bien.
Él me acarició las nalgas, mirándome con las cejas alzadas.
Para muy bien.
Esta vez la que se echó a reír fui yo. Me levanté y le di un beso. Ya iría después a recoger mis destrozadas bragas, y el sujetador.
Me alegro, Mario. Te quiero.
Yo también, nena.
Pasé por su lado para lavarme un poco, y ponerme el pijama, cuando él me sujetó del brazo.
¿Pero qué?—pregunté sorprendida.
¿No me dijiste que querías que te follara toda la noche? ¿Acaso no vas a cumplir con tu palabra?
Me puse roja de la vergüenza  Una cosa era decir algo guarro y otra mirarle a la cara después del subidón. 
Pero sí, quería más.... Quería....
¿Qué te parece que esta vez lo hagamos en el sofá? Así podrás estar tú encima.
Me dijo, sorprendiéndome. Me eché a reír y me solté, saliendo corriendo hacia el sofá, antes de entrar en el salón, me atrapó y me levantó en el aire, besándome en el cuello antes de morderme un poco.
No dudes que me vuelves loco, nena—me dijo nada más abandonar mi sensible cuello.
Le miré y asentí con la cabeza. 
Lo sé, pero me gustaría que me lo mostraras más.
Esta vez fue él quien asintió.
Bueno mi diosa del sexo, ¿a que esperas para tumbarte en el sofá para un segundo round?
Me quité los zapatos y le miré con una ceja levantada.
Oh, ¿pero no iba a estar yo arriba esta vez?
De nuevo las carcajadas de mi Mario se escucharon por todo el piso (valeeeeee, no es muy grande pero es nuestro).
Valió la pena la espera.
Sexy o tan sexy............ siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Segundo round.
El sofá....
Y más tarde...cuando estuviésemos en cama, le preguntaría por qué no avisó que llegaba tarde, porque cojones llegó tan tarde....
¡¡¡¡¡Que no me olvido eh!!!!!










CAPÍTULO 3






Oh, ¿pero no iba a estar yo arriba esta vez?
Las carcajadas de Mario fueron la única respuesta que tuve a mi pregunta.
Le miré fijamente, asombrándome que cada día estaba más y más enamorada de aquel hombre, que pese a todos sus fallos, a sus malos días, a las discusiones tontas y no tan tontas que teníamos día sí y día también, le amaba con locura.
Era el hombre de mi vida.
Valeeeeeee me diréis que leo demasiada novela romántica (nunca es demasiado, cada mes debo comprar de tres a seis novelas, leer es una pasión y las lectoras de romántica los coleccionamos, ¡que es cultura, eh!), pero así lo siento.
Le quiero, y aquella noche le deseo con una pasión que me abrasa desde dentro.
Sin dejar de mirarle me quito el camisón quedando completamente desnuda ante él, lo dejo caer al suelo junto a los taconazos.
Echó hacia atrás los hombros y espero a que me diga algo. Son seis años a su lado pero aún me pongo nerviosa cuando me ve desnuda. 
Al sofá, ¡ahora!—bien, sonrío al notar la urgencia en su voz y al ver que comienza a revivir su GRAN MARIO.
¡¡¡Esta noche promete, chicas!!!
Con gestos sensuales y felinos, o al menos eso espero que parezcan así, me tumbo boca arriba en el sofá y entreabro las piernas. Estoy húmeda, resbaladiza, caliente, hinchada, y deseosa de un segundo round. 
Mario se me queda mirando fijamente, sus ojos me acarician (bueno no literalmente porque es imposible, pero me mira con una intensidad que no deja nada a la imaginación) desde mis pechos, mi vientre, mi....
Me remuevo un poco al verle mirar a un punto entre mis piernas.
Con una sonrisa abierta me arqueo un poco (no puedo más que como ya sabéis no tengo la flexibilidad de una gimnasta artística...más bien de un  cáñamo verde) y entreabro más las piernas.
¿No íbamos a tener un segundo round?—me gustaría aprender poner voz sexy, pero al menos no sonó como el croar de una rana.
Mario sigue de pie ante el sofá, mirándome con los ojos abiertos como platos, los labios entreabiertos, y una mano tocándose el paquete con descuido, como si fuese algo que no se percatase que estaba haciendo.
Como aquella noche ella era la diosa del sexo iba a tomar la iniciativa.
¿Quieres que me toque un poquito? 
Vale, le debí asustar por...tercera, cuarto...bueno perdí la cuenta, de aquella noche. Mario se atragantó y me miró a los ojos.
¿Tocarte?
Bien, además de regalarle alguna novela para que ampliase su vocabulario tendría que pedirle cita al otorrino.
Sí, tocarme, masturbarme para ti, ¿quieres o no quieres?
Mario jadeó en alto y se tocó ahora sí sin miramientos, evidenciando que le estaba poniendo mis palabras. 
Sí, joder, tócate para mí.
Sonreí abiertamente y deslicé mis manos por mis pechos, tocándomelos un poquito, logrando que mis pezones se erizasen. Los tironeé y gemí en alto, cerrando los ojos unos momentos. Los pechos no los tenía muy sensibles, pero los pezones sí. Me gustaba mucho cuando me los lamía, cuando me los mordisqueaba y tironeaba. 
Oh, joder nena, cómo me pones.
Abrí los ojos y vi que se había abierto el pantalón y se estaba tocando su GRAN MARIO, mirándome fijamente.
¡Un punto para mí!
Tú sí que me pones, Mario—seguí deslizando mis manos por mi vientre sin detenerme hasta llegar a un punto en el que estaba dolorida y un poco sensible. Hundí tres dedos dentro de mi coño y los moví, fuera adentro, un par de veces, elevando mi culo para sentirlos más adentro, buscando tocar un punto que me volvía loca. 
¡Oh, joder!
Abrí los ojos.
Mario estaba tocándose sin pudor. Arriba abajo, su mano cubriendo la base de su polla y apretándola cuando se movía para abarcarla completamente hasta tocar su glande. Era súper erótico ver cómo se estaba tocando, como se masturbaba, dándose placer. 
Oh, Dios Mario, tú si que me pones—saqué los dedos de mi interior y se los mostré—. Mira qué mojada estoy, y todo es por ti.
La mano con la que se estaba dando placer quedó parada en medio de su hinchada y gruesa polla, tragó saliva y se lamió los labios, era evidente que estaba más que excitado, con la respiración agitada, los ojos llameantes y la mirada clavada en mis dedos.
Dios Naty si no te la meto ahora, estallo.
Pero qué lindo es mi Mario cuando quiere, escucharle decir eso me gustó muchísimo, poder ver cómo le seguía afectando aún después de seis años a mi lado, aún después de seis años y cinco kilos más, unas cuantas arrugas y unas malditas canas que ya me encargaría de tapar cuando comprase el tinte en oferta (que los precios de las peluquerías subieron muchísimo y antes de gastar 30 euros en teñirme prefiero comprar dos buenas novelas). 
Abrí más las piernas, hasta el tope que me permitía mi escasa flexibilidad y elevé el culito un poquito, contoneándome sobre el sofá en el que estaba tumbada. 
La que voy a estallar si no me la metes ahora soy yo, Mario. Te quiero ya, empujando fuerte, aplastándome contra el sofá, quiero que...
De nuevo Mario me dejó con la palabra en la boca, se lanzó sobre mí y se posicionó de rodillas entre mis piernas. Se agarró la polla con la mano derecha y la colocó en mi húmeda y ansiosa entrada, de un sólo empujón se sumergió en mi interior, llenándome por completo.
Cerré los ojos y jadeé en alto.
¡Oh, Dios! ¡Cómo me gustaba sentirle dentro! Sentir cómo me llenaba, como me ensanchaba con su dura y gruesa polla. 
Cuando comenzó a moverse no pude reprimir mis gemidos.
Puro placer.
Aún estaba sensible de lo que sucedió en la cocina y con cada estocada mi interior ardía, temblaba y le apretaba con fuerza, ansiando más.
Deseándolo todo.
La que voy a estallar si no me la metes ahora soy yo, Mario. Te quiero ya, empujando fuerte, aplastándome contra el sofá, quiero que...
Oh, Dios, oh, Dios—gemí sin poder contenerme.
El placer me inundaba por completo, recorriéndome el cuerpo velozmente, provocando que se me agitase la respiración y los latidos de mi corazón.
Después de tanto tiempo en sequía, me sentía de  nuevo deseada, extasiada, convirtiéndome en adicta al sabor de Mario, a sus embistes, a su fuerza, a sentirlo dentro de mí.
Joder Naty—gruñó Mario sin dejar de bombear. No se controlaba, entraba y salía de mi interior con fuerza, llegando a rozarme un punto dentro de mí que me hacía sentir placer y un poco de dolor a partes iguales.
Lo sentía muy adentro, llenándome por completo, estirándome con su gran y gruesa polla a un paso de romperme de nuevo, de hacerme sentir un placer tan intenso que me reduciría a un estado tembloroso y jadeante, luciendo eso si, una sonrisa satisfecha.
Cerré los ojos y me dejé llevar, escuchando de fondo mis jadeos y los gruñidos de Mario junto con el resbaladizo sonido de su polla al entrar y al salir de mi interior. Le arañé la espalda, abrazándole con fuerza, y gemí hondamente sin poder controlarme, moviéndome hacia arriba para buscar mayor contacto, para sentirlo más adentro.
Quería.... Más fuerte, lo quería todo.
Más fuerte, más fuerte —gemí con voz temblorosa, a punto de romperme. 
Oh, Dios Naty —masculló Mario obedeciéndome, hundiéndose con más intensidad, sujetándome la cadera para que no pudiese escaparme ni un milímetro, para que tuviese que aceptarle por completo.
Esa es mi frase, Mario. Pensé en medio de la niebla de placer y pura agonía que estaba saboreando. Estaba a punto, mi cuerpo estaba a un paso de romperse, de estallar en miles de pedazos, de convertirme en una gelatina humana con pelos de loca y...
¡OH, DIOS MÍO! —grité, saboreando un bestial ORGASMO.
Estaba exhausta, completamente saciada, temblorosa, jadeante, con el corazón bombeando con fuerza contra mi pecho, retumbando sus alocados latidos en mis oídos.
Era cierta la expresión que el mundo se rompía cuando llegabas al éxtasis, porque lo único que aún me mantenía en "modo ON" era sentir las erráticas penetraciones de Mario, antes de que éste estallase y se corriese en mi interior inundándome con su simiente.
Si no fuese por Mario habría acabado en el suelo, de rodillas, de cara, de cuelo, vamos que me habría escurrido del sofá al suelo. Con la humedad escurriéndose entre mis piernas, las mejillas enrojecidas, los ojos vidriosos y luciendo una sonrisa de satisfacción, que hacía tiempo que no mostraba.
El sexo era fundamental para la pareja, y nunca me cansaré de decirlo, porque era verdad.
El sexo era algo que nos unía, que nos conectaba, que nos alejaba de la dura realidad, de la crisis.
Gracias al sexo sólo existíamos los dos, besándonos, acariciándonos, chupándonos, dándonos placer, hasta que el mundo estallase y la crisis, la falta de dinero, la hipoteca, las personas tóxicas, etc... se iban a la mierda.
Mario se separó y me ayudó a acostarme en el sofá. Luego se acostó a mi lado y me abrazó en silencio. Estaba completamente desnuda en brazos del hombre que amaba y me sentía la mujer más hermosa del mundo. Aquella noche había pasado de ser Naty la frustrada sexualmente, a la DIOSA DEL SEXO, y todo por romper la barrera de la vergüenza y lanzarme de cabeza a pedirle a Mario lo que deseaba. 
Que no se te suba a la cabeza, Mario, pero esto ha sido...espectacular. Deberíamos repetir...
Mario rompió a reír y me abrazó con fuerza. Estaba acostado a mi espalda, con un brazo sobre mi cintura y el otro acomodándome mi cabeza. Podía sentir sus agitados latidos a través de la fina camisa. 
NOTA MENTAL: para otra vez, él desnudo, yo vestida. No era justo que siempre era yo la que acabase desnuda a su merced, para otro día le ataría a una silla, a la cama, le desnudaría por completo y le torturaría con mis besos, con mis caricias, le chuparía hasta que estuviese a punto de correrse para luego separarme y montarle duramente, moverme encima de él, sintiéndole muy adentro hasta que los dos estallásemos en el fuego de la pasión.
Por mucho que me tientes, Naty, no podría repetir en estos momentos, me has exprimido. 
Me volví y le abracé. Antes de responderle le di un beso, jugueteando con su lengua unos segundos, volviendo a sentir el fuego que ardía en mi interior cuando Mario me tocaba, cuando me acariciaba o me incitaba con sus ardientes miradas.
No te preocupes Mario, esta noche ha sido espectacular.
Pude sentir como se infló de orgullo. De vez en cuando no era malo recordarle que me volvía loca con sus besos, con sus caricias, que me daba mucho placer cuando hacíamos el amor.
Me estaba comenzando a quedar dormida, abrazada a él, sintiendo como me acariciaba la espalda con suavidad, cuando me acordé de algo muy importante y que no iba  a dejar pasar por mucho que esa noche mi maridín me hubiese conducido al paraíso un par de veces (wuoooooo que bien me quedó esta frase, debo anotarla).
Por cierto, ¿por qué demonios tardaste tanto?
Mario me miró a los ojos, visiblemente sorprendido.
Naty, llamé antes pero me saltó el contestador. Te dejé un mensaje.
Estuve tentado a levantarme del sofá, ir al extremo del salón en el que estaba el teléfono fijo y escuchar el mensaje, pero en lugar de eso, le pedí que me explicara qué le sucedió para que llegara dos horas tarde.
Una de las ruedas de atrás se desinfló.
¿Se pinchó? —pregunté con sorpresa, hacía poco que el coche había pasado la ITV.
Tal vez—me respondió, sin dejar de acariciarme—, por eso tardé, tuve que colocarle la rueda de repuesto y mañana pasaré por el concesionario para que me cambien las cuatro ruedas, en la ITV me dijeron que estaban un poco desgatadas, es mejor que las cambie.
Le apretó con fuerza y le di varios besos por la cara.
Sí, será lo mejor, el coche es peligroso. Y si te sucede algo…—no pude continuar, la voz se me quebró, no podía imaginar un futuro sin Mario, no quería, me negaba, lo amaba, quería envejecer a su lado, viendo crecer a nuestros hijos a nuestros nietos.
Mario me besó antes de responder:
No te preocupes tanto Naty, el coche no es peligroso, además nunca sobrepaso la velocidad máxima. Siempre voy seguro.
Dispuesta a cambiar de tema, pues no quería sonar como mamá gallina preocupada por si tenía un accidente de coche o no, sonreí y le murmuré:
Así me gusta nene. Además,… —comencé a acariciarle el pecho dibujando circulitos por encima de la tela—.No quiero que abolles el coche que tan buenos momentos nos ha dado. ¿Te acuerdas de cuando me llevabas a las afueras con la excusa de ver las estrellas del cielo?
Claro que me acuerdo, que buenos recuerdos. Como me ponías Naty.
Naty sonrió. Aquellos días habían sido buenos, en los que acudía nerviosa cada noche al encuentro de Mario, quien la recibía con una sonrisa y una sorpresa. Un día era una rosa que robó del parque, otro un colgante que compró en una joyería que le llamó la atención, o una bolsita de chuches de esas que sabía que adoraba. Eran recuerdos que atesoraba con cariño en su memoria. Noches en las que acudía a las citas con nerviosismo y acababa compartiendo horas de pasión con el hombre de su vida.
Deberíamos repetir —Mario alzó las cejas con sorpresa ante su picante propuesta—. Ir una noche al campo en el coche y hacer “cositas”, podríamos jugar a los médicos.
Mario soltó una carcajada antes de responder:
De verdad que estás que no te reconozco, ¿no eras tú la que me decías que el coche te imponía y que eras incapaz de concentrarte al pensar que alguien nos podía estar mirando?
Me sonrojé.
Estoy segura que fue así, claro que recordaba esas palabras, se las dije cuando comenzamos la convivencia en un piso de alquiler, pues no comprendía como él quería ir al campo cuando podíamos mantener relaciones en una cama blandita al refugio del hogar. Pero ahora… la idea de follar al aire libre le atraía muchísimo, y si alguien miraba…con tal de que no sacara fotos o videos poco le importaba, quería experimentar cosas nuevas con Mario, y ya buscarían el lugar y la hora para que no tuviesen testigos incómodos en sus encuentros sexuales.
Pero con los años cambiamos y la verdad es que me atrae mucho la idea de quedar una noche contigo en un descampado y dejar que nuestras hormonas se descontrolen un poco —le susurro al oído, luchando contra la tentación de morderle, en esos momentos no quería iniciar otra sesión de sexo, quería mantener una caliente conversación con Mario—. Quiero meterte mano, tocarte hasta que te corras en mis manos.
De nuevo no sé que te pasa.
Le miré a los ojos, dudando un poco. Igual me estaba pasando. Igual Mario no aceptaba que le hablara de aquella manera, que expresara libremente lo que deseaba hacerle, lo que quería que me hiciese.
¿No te gusta lo que te digo? —le pregunté finalmente, esperando con ansiedad su respuesta.
Mario hizo una mueca de burla al tiempo en que se apretaba contra mí, pude notar que estaba duro, como muchos dirían palote perdido. Me sorprendió, tres en una noche, ya era un record que hacía tiempo que no llegaba a rozar. La pasión de los primeros años se esfumó sobre todo cuando el peso de la hipoteca y los gastos de la casa nos acompañaban cada noche a la cama.
¿Esto responde a tu pregunta?
Sonreí abiertamente. Sí, si que lo respondía.
Me gustaba provocarle, ser la causante de su actual estado, ver que podía ponerle aún a pesar de los años, de los kilos que gané, de la carga del trabajo o la falta de él y de la hipoteca que pendía sobre sus cabezas como una guillotina maldita que en cualquier momento podían seccionar sus vidas.
Sí que la responde. Te quiero Mario, ¿lo sabes no?
Claro que lo sé, hermosa. —estuve a punto de reír al escuchar la palabra hermosa. Tal vez no hacía falta que le diera un listado con palabras cariñosas, él mismo estaba ampliando su gama de piropos con la práctica….Mmmmm dichosa práctica, cómo me gusta estos minutos en sus brazos, en los que me siento la mujer más afortunada del mundo.
El beso que nos dimos duró minutos en los que el mundo dejó de existir a nuestro alrededor, en el que sólo nos sentíamos, en el que nuestras manos, nuestros labios se buscaban reconociendo el olor, el sabor del otro.
Un beso en el que mostramos lo que sentíamos con sencillez, con suavidad, con años de práctica en lo que le gustaba al otro.
Aquel día se había vuelto luminoso, e iba a hacer todo lo posible para alargar aquella dicha. Sí, señor, lo iba a hacer.
Iba a cumplir todas mis fantasías sexuales, no iba a reprimirme por los kilos de más, por la celulitis, por pensar que él no me veía tan hermosa como antes, iba a lanzarse a la aventura de cabeza dispuesta a disfrutar de cada minuto al lado de él.
NOTA MENTAL: anotar todas las fantasías en un papel y cumplirlas una a una….


En el baño.
En un ascensor.
En su despacho.
En el coche.
En el probador de un centro comercial.
En el…..
Sonreí abiertamente al ver que el comenzaba a acariciarme de una manera que tan bien conocía, quería calentarme, ponerme a mil antes de llevarme a su campo, a donde él quería. Lo que no tenía ni idea era que ya estaba donde YO quería, a un paso de volver a regalarme otro GRAN ORGASMO made in Mario.


Aquella noche aún no había acabado, esperaba disfrutar de otro round en la cama y tal vez a primeras horas de la mañana antes de que se fuera al concesionario para cambiar las ruedas. Pero no podía dejar de pensar en lo que deseaba hacer, en lo que deseaba disfrutar a su lado.
Cumpliría mis más oscuras y secretas fantasías con mi Mario, costase lo que costase.
Lucharía contra la vergüenza, contra los nervios, pero las cumpliría.
Toda mujer debería anotar lo que deseaba y poder luchar por conseguirlo.
¿Por qué se iba a ir al otro barrio sin follar con su marido en el probador de un centro comercial?
Pero aquello….
Sería otro día.
Mientras…..
Oh, sexy, chica sexy……..
Oleeeeeeeeeeeeee Naty, lo has conseguido.
Un punto para mí.
Mario me tocó entre mis piernas, rozándome el clítoris.
Jadeé en alto.
Oleeeeeeeeeee Mario. Que toque tienes, nene.
Cuando comenzó a mover su mano, a masturbarme, a tocarme de una manera que me volvía loca….
Cerré los ojos y me apoyé contra su pecho, sin dejar de jadear.
Mmmmmm Mario….
Jadeé sin restricción, mordisqueándome los labios al darme cuenta que estaba provocando un escándalo que bien merecía una reprimenda de mis vecinos de arriba y de abajo.
Moví mi cadera hacia delante, entreabriendo más las piernas. Podía sentir sus dedos sobre mí, dibujando círculos, pellizcándome, apretando el tembloroso botón hacia dentro, tironeándole hacia fuera, una continua danza con sus dedos que me estaba volviendo loca.
Mírame a los ojos Naty, quiero verte cuando te corras—hice lo que me pidió. Abrí los ojos y le directamente a los suyos. Compartiendo una intimidad que ninguno de los dos quería que se acabara.
Su mano se movía erráticamente, acariciándome de arriba abajo, abandonando por unos segundos mi clítoris para luego volver a atacarlo.
Luché contra las ganas de cerrar los ojos, de abandonarme al placer cerrándolos, acostumbrada a esconderme en la oscuridad para saborearme más intensamente el puro deseo, el fuego que ardía y estallaba en mi interior.
Luché y…
Vencí.
Cuando llegué al orgasmo, sorprendiéndome por la rapidez en la que llegué, le estaba mirando a los ojos.
Tan hermosa—su voz era un susurro ronco, que me arrulló, que me transportó a un mundo en el que los dos eran los absolutos protagonistas de una historia de amor. Un amor real, con sus más y sus menos, pero que cada día me hacía levantarme con una sonrisa.
Me lancé hacia delante y le abracé con fuerza.
Aiiiiiii Mario, no sabes cuánto te quiero.
Y de lo que te has librado.
Pues….
Esta noche no te corto los huevos.
Pude sentir su mirada de sorpresa y de curiosidad cuando me eché a reír en su cara. Por nada del mundo le iba a confesar que llevaba todo el día, toda la noche pensando en mil y una maneras de cortárselos primero por no tener sexo y segundo por llegar tarde a casa.
Había cosas que era mejor que tu pareja no supiese…
Naty mira que estás…
Lo sé, lo sé, estoy rara, pero antes de que te líes a interrogarme, como puedes ver no estoy con la regla y…—le toqué por encima del pantalón el paquete. Estaba descansado, para nada estaba duro, pero por intentarlo no iba a perder nada, pues como se dice el NO ya lo tenía —. ¿Qué te parece si vamos a la cama, dormimos un poquito y me sorprendes con otro…round sexual?
¿Round sexual? —repitió con sorpresa, antes de echarse a reír—. Me parece bien Naty, pero antes me gustaría cenar un poco, ducharme y descansar en el sofá que llevo un día horrible en la oficina.
Puse unos pucheros que para nada tuvieron efecto.
No me mires así Naty, que no eres el gato con botas, no te queda hacer ojitos.
Con una sonrisa abierta, me moví por el sofá y me senté encima de él, con un golpe seco, le di una cachetada encima del paquete, no suficiente fuerte como para hacerle daño.
No, acabo de darme cuenta que lo que te pone es que te hable sucio, que te describa lo que quiero que me hagas lo que voy a hacerte, tomo nota Mario.
Me moví un poco, balanceando la cadera, como si estuviese dibujando círculos semi perfectos encima de él.
Pude escuchar cómo gruñó y sus ojos se oscurecieron de deseo.
Pero como dices, tienes que cenar, ducharte y ver un poquito la tele—cuando me levanté vi que estuvo a punto de agarrarme para mantenerme encima de él. Le golpeé las manos y le sonreí de manera pícara, como una niña traviesa a punto de hacer una trastada—.Pero no dudes que en la cama quiero más. Ahora vete a ducharte superman, mientras te recaliento las lentejas del mediodía.
Sin más me fui al cuarto a ponerme el pijama antes de irme a la cocina, cuando pasé por su lado, ya que él se iba a duchar al baño principal que estaba al lado del dormitorio, me dio una cachetada en el culo.
Desvergonzada.
La que se rió esta vez fui yo.
Sí, aquella noche fui una desvergonzada, una diosa del sexo, pero…
Que bien sentía.
Con un contoneo sexy fui silbando hacia la cocina.
Estaba de buen humor, con ganas de más, pero como bien indicó Mario, podíamos esperar. Teníamos toda una vida por delante y aquella noche fue sólo el principio del listado de las fantasías que iba a cumplir con su marido.
Sí o sí.
Para otro día…Más…Mucho más…
Nos leemos chicas…Ya os iré contando…Espero que me sigáis en mis aventuras….Recordar chicas… Sexy o tan sexy…Somos las Diosas del sexo!!!!!!!



FIN


1 comentario:

  1. Lo que daría por ir al pasado y prevenir lo que me esperaba... Igual soy Felíz como una lombríz.
    Chicas ésta historia es muy buena y nos da qué pensar y mucho.

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